EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

La tiranía del gel

Intro

En una entrevista con Jon Stewart sobre la película Rosewater, Gael García Bernal bromeó con que algo que Irán y México tenían en común es que probablemente ambos países eran los mayores consumidores de gel fijador para el cabello.

Este comentario inocente hizo que un laberinto de pólvora incendiara secuencialmente un montón de ideas dormidas que tenía guardadas en el cerebro desde mis más tiernas juventudes: el gel para el cabello es racismo.

Si usted es latinoamericano probablemente comprende este drama: el cabello amerindio (de indígenas y de mestizos americanos) es heredero de la genética asiática: constamos de cabelleras lacias y fluidas, abundantes y difíciles de mantener en sitio.

Si usted es latinoamericano blanco (o con una mayor parte de su genética del lado europeo) su cabello consiste quizás de ligeros rizos u ondulaciones que le permiten, por ejemplo, tener el cabello corto sin que parezca que púas rígidas le salen de la cabeza. Nosotros no gozamos de esa ventaja.

Si se nos corta el cabello de manera que la gravedad deje de afectar su caída, cada pelo quedará independientemente erecto y tendremos lo que despectivamente se conoce como "cabeza de cholla", "pelo chino", "cabeza de nopal", etcétera.

¿Por qué es motivo de burla este aspecto? La respuesta es horrenda y oculta una historia de inadecuación estética en un contexto de humillación y hegemonía violenta a través de varios países, y épocas.



Historia del cabello bien peinado


El acicalamiento prehistórico (quitar pulgas y otros parásitos del cabello, peinar o cortar) obedece a un imperativo biológico, no se trata de una sofisticación de la cultura: muchos animales se acicalan, se limpian, se peinan, se arreglan, ya sea por salud o por hacerse atractivos.

Las primeras civilizaciones han dejado muestras de que barbas y cabelleras se trenzaban y adornaban, que el objetivo consistía en poner orden en el caos natural del cabello. Por milenios (o millones de años) a nadie le pareció natural o normal que los hombres debían tener el cabello corto y las mujeres largo.


En América, los indígenas recogían su cabellera en nudos decorados o lo cortaban cerca de la altura de los hombros; algunos se rapaban los lados y otros simplemente lo dejaban crecer. Hombres y mujeres por igual.

En el Japón feudal era elegante tener el cabello largo acomodado en un nudo en la cima de la cabeza. En China por siglos el cabello se acomodaba en una trenza larguísima, mientras que la frente se rasuraba al ras. Las mujeres usaban el cabello largo.

En Europa el cabello largo comenzó a perder popularidad a causa de las enfermedades del cuero cabelludo (caspa, seborrea, infestación de piojos y pulgas); por eso la gente usaba pelucas: se cortaban el cabello muy corto y las pelucas los hacían ver respetables y presentables. El cabello largo se comenzó a asociar con suciedad y barbarie.

Podemos decir con estos ejemplos que después de una larguísima historia de cabello largo para hombres y mujeres, Europa vino a cambiar la moda: con el inicio de la colonización europea del mundo, los estándares estéticos europeos se impusieron (forzosamente y de manera involuntaria) a los conquistados.

En Latinoamérica y en Estados Unidos, durante la colonia y conquista de los pueblos indígenas, las escuelas católicas cortaban el cabello de los pupilos para hacerlos parecer más civilizados. Los vencidos comenzaron a cortar sus cabelleras para parecerse más a los vencedores.

El problema es que el cabello del indígena no es como el cabello del conquistador blanco. Y ahí comenzó el problema.

Una adolescencia con los pelos de punta

Uno puede pasarse la infancia con el corte de cabello que los padres han elegido para uno sin pensar en otra cosa que no sea comer dulces, correr detrás de un balón o tener muchos juguetes. Pero al llegar la pubertad el cabello puede convertirse en una pesadilla para los que tenemos la carga genética del amerindio.

En la adolescencia comenzamos a estar conscientes de nuestra propia apariencia y nuestras hormonas comienzan a exigirnos que nos hagamos atractivos para otras personas. ¿Pero qué hacer cuando no puedo parecerme a los modelos de belleza que veo en la televisión, en el cine o en la tradición pictórica? Un problema similar ocurre con los cuerpos esculturales de los modelos y las estrellas de cine, pero sobre eso se ha escrito muchísimo.

¿Por qué no puede un amerindio tener un cabello similar al de una estrella de cine? Porque no hay muchos amerindios en Hollywood. No podemos realmente elegir un estilo que sea realísticamente posible en un cabello que tiene una física diferente al cabello ondulado y más compacto de los genes blancos.



Para empeorar las cosas, las escuelas primarias, las secundarias y los bachilleratos se empeñan por mantener una doctrina militar que exige que el cabello de los muchachos se mantenga corto. Como casi todas las decisiones institucionales que no tienen fundamento racional sino que se mantienen por el lustre de la costumbre, es una estupidez insensible e inútil. Y es una continuación de la castración simbólica del cabello de indígena.

Alumnos con cabello largo no van a ser peores alumnos, no van a ser delincuentes o sucios sacos de piojos. Los piojos también viven en el cabello corto. Sansón mató a más gente cuando tenía el pelo corto. La continuación insensata de una política de cabello corto para hombres en las escuelas es barbárica y racista.

A causa de estas condiciones desfavorables en la sociedad y en las escuelas, un adolescente amerindio, entonces, sufre de la angustia diaria de tener que parecerse a algo inalcanzable no solo porque su cabello no puede parecerse al de sus modelos a seguir, sino porque los adultos le aseguran que el pelo largo es deplorable. ¿Qué hacer si no puede uno cortarse el cabello sin parecer un inadaptado ni dejárselo crecer a causa de tabúes estúpidos? Aquí es donde llegó el gel a, aparentemente, facilitarnos la vida.

El gel fijador y el racismo

Antes del gel fijador había pomadas, brillantinas, aceites y otras sustancias que hacían que el cabello fuera más manejable, pero solo el gel ha tenido suficiente poder fijador para ayudar a quienes tenemos el cabello de los indígenas. Entonces, prácticamente, tenemos apenas unas décadas de tener la paz del gel.

Por eso nos reímos de las fotos de nuestros padres en los setentas, con sus cabellos abultados, erizados y mal peinados, porque estamos burlándonos de su fracaso en parecer blancos, porque no tenían gel, como nosotros. Nuestra burla es, sin que nos demos cuenta, una admisión de racismo.

¿Nos reiríamos de un indígena náhuatl que se corta el cabello para encajar en sociedad y que se ve mucho menos aliñado de los mestizos y blancos porque el pelo corto se le para de punta? ¿Nos parece muy chistoso el adolescente que duerme con una pantimedia atada en la cabeza todas las noches para poder peinarse con el pelo compacto antes de ir a la escuela simplemente porque su naturaleza no le permite lo que a sus compañeros más blancos?

Todo esto podría parecer superficial y estúpido: ¿cómo el gel puede ser racista? El gel en sí no lo es: el gel es gel, es una sustancia pegajosa nada más, pero el uso y la burla que genera su uso o su no uso es un marcador de racismo. Quien exige la presencia de gel en el cabello amerindio trata de, como he dicho, imponerle una realidad ajena. Quien se burla de quienes utilizan mucho gel lo hacen desde un lugar de privilegio.

Es como quienes se burlan de las personas que no desarrollan una barba completa y cerrada: esta burla es también una admisión de que la barba cerrada y completa (un rasgo blanco-europeo) es algo deseable y óptimo, mientras que la barba intermitente y poco abundante es un rasgo indígena y asiático, y por lo mismo, inferior.

Burlarse de un bigote "de Cuauhtémoc", "de Tizoc" o "de Cantinflas" parecería una broma común y corriente e inofensiva, pero esta burla esconde que tal bigote es contrario a lo que debería de ser un bigote. ¿Qué es lo que debería ser un bigote? Un bigote debe ser lleno, completo y grueso. Como el de los reyes de Europa, como el de Ron Swanson, como el de los conquistadores.

El cabello corto y compacto, peinado con facilidad hacia atrás con los lados bien podados es el peinado que tienen, por ejemplo, los candidatos para las elecciones de este año en mi región. Todos tienen el mismo peinado y corte, el peinado y corte del privilegio: todos, también, coincidentemente, son mestizos blancos, no mestizos amerindios. Es como si la política también fuera una escuela en la que hay una uniformidad militar. Camiseta blanca abierta y sin corbata, pelo corto, sin vello facial, genes privilegiados.



Cabello largo para todos ya

El cabello del amerindio (o del mestizo con cabello amerindio) está diseñado para fluir, para ser largo. El intento de cortar el cabello amerindio para que se parezca al de los blancos es una señal inconsciente de abnegación cultural, de aceptación de una hegemonía estética alienante. Es aceptar que tenemos que, a toda costa, parecernos a los que han ostentado el poder desde que somos nación: los ricos, los blancos, los privilegiados, los que percibimos como mejores. Ponernos gel es, a diario, una derrota de nuestra propia composición genética. Es admitir que hemos perdido en todos los frentes y que estamos bien con ser serviles y dispuestos a imitar al amo. Es ser las bitches del hombre blanco.


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1 commentaires:

Todo mensaje anónimo será borrado. Que tengas un día excelente ;)