EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

PIRA PAGANA - EL SUICIDIO: ACCIÓN Y PALABRAS

Yukio Mishima.
La acción es palabra. A veces lo que hacemos grita, se impone con elocuencia. O lo que no hacemos habla en voz baja de nuestros miedos. Hacer es hablar también, como la pareja de enamorados encuentra en los ojos del otro versos que nunca serán escritos.

Los actos extraños, las manifestaciones adversas, la casualidad, los sucesos imprevistos, responden a un código. Durante un huracán algo o alguien nos trata de decir algo y nuestra respuesta, el miedo, confirma que existe un ciclo comunicativo.

El mal, la locura, expulsados de nuestra sociedad, venenos y culpables de todo lo que podamos imaginar, son lenguajes marginados a los que nunca prestamos atención; los usamos como excusa, depósitos de nuestras faltas, y no entendemos su verdadera naturaleza: el hecho de que ambos están entre nosotros y son parte de nuestra vida. El mal estaba dentro de Teresa de Calcuta y la locura me dicta, en parte, estas líneas. No hay nada malo en reconocer que no somos dioses y que no vivimos en la Arcadia.

Este pudor, este convencimiento de que debemos ser perfectos es lo que hace que vinculemos al suicida con el loco o con el diabólico. Y es lo que nos convierte no sólo en ignorantes, sino, curiosamente, en locos y diabólicos.

El asesino, justamente desdeñado de nuestra sociedad, ejerce violencia contra el destino, mientras que el suicida lo sigue y, sin violencia, ejerce su voluntad sin imponerse contra la naturaleza. Porque es necio negar que es el destino de muchos ponerse una bala en el cerebro, pues, evidentemente, ha sucedido y seguirá sucediendo.

El suicida tiene un problema para vincular sus emociones con el mundo. Entre él y la mole de referentes fantasmas que forman la realidad hay un vacío. No puede hablar. Entonces descubre que puede pronunciar una sola palabra estridente que lo hará llegar al otro lado. Y se suicida. La muerte, el gran vacío, es su respuesta ruidosa a un mundo lleno de silencios.

Los románticos debemos reconocer que en este mundo siempre hay respuestas. Pero el resto del mundo debe aceptar también que las respuestas raramente bastan y que, definitivamente, quedarse sin opciones es una opción.

No condenemos al suicida. Si su mundo no funciona es porque nosotros no funcionamos. Oigamos lo que un suicidio tiene que decirnos antes de relegarlo a los márgenes de lo prohibido, de lo despreciable y lo irracional. Tal vez esa acción que habla nos diga que está mal en todos nosotros. Tal vez su elocuencia al fin nos deje a todos nosotros sin palabras.

Oh, Evelyn.
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