EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

PIRA PAGANA - UN DÍA CON MONSIVÁIS

ENTREVISTA DE CARLOS MONSIVÁIS A CARLOS MAL PACHECO

para El Imparcial

Hay unos cuantos días cada semestre en los que los flagelos viscosos de la locura me trepan el rostro y se me entran por los ojos hasta el cerebro: el tiempo de trabajos finales. El pasado miércoles 13 de diciembre estaba enredado en un ensayo sobre una novela cubana cuando mi editor me llamó desde México para que entrevistara a Monsiváis en Tucson.

Ya mucha gente que ejerce el periodismo me ha dicho, greñudos y enojados, que no por ser literato puedo ser periodista. Pero a mí me gusta decirles que me vale bestia. Que yo puedo ser un cabrón contador público o abogado si me lo propongo.

Así que, después de leer la entrevista de 1937 de Lothian-Conwell con Hitler y la de Poniatowska con Monsiváis entré en calor y me preparé para irme sin una mísera hora de sueño y sin un gramo de sustento alimenticio degradándose en mis tripas.

Parte de ser novato en esto es suponer que todo va a salir como uno piensa. Me imaginé que la entrevista sería como las pocas otras que he hecho, pero mientras me acercaba a la figura de un Carlos Monsiváis concentrado en su desayuno pensé: “Me llevan los changos del infierno: él no necesita ser entrevistado”.

Y es que mis otros entrevistados han sido artistas del hambre, locos, petimetres. Me di cuenta, ya a pocos metros de él, que él ya habría dado, qué sé yo, dos millones de entrevistas, y que en verdad no deseaba a muerte la fama, fortuna o legitimidad que mi entrevista no le iba a dar.

Pero de alguna forma tengo que compensar que soy feo y apesto: a veces tengo ideas buenas. Me dije que sería mejor que él me entrevistara a mí, y así tendría yo, Carlos Mal Pacheco, escritor ignorado, una entrevista nada menos que con el gran Monsiváis, gurú de la intelectualidad liberal mejicana.

Décadas y más décadas de experiencia periodística apiladas una sobre la otra como un sándwich de caricatura no tardaron en aparecer en el hombre que recibiría ese mismo jueves 14 de diciembre un doctorado honoris causa por parte de la Universidad de Arizona.

Comencé no sólo con el pie izquierdo, sino cuando puse ese pie en el suelo pisé una trampa de oso con sus dientes untados de veneno explosivo: Hablando de películas sugerí que me gustó más Jeremy Irons que James Mason como Humbert Humbert en Lolita. Y que me aburrió Gone with the Wind.

Le había dicho que mi generación es “la generación cápsula”, que necesitamos conocimiento rápido y fugaz, como un vídeoclip o una lista de datos, una visita a Wikipedia o un resumen ilustrado de Don Quijote. Y es que quería que la entrevista fuera antagónica y atroz y sabía que él podría hacer de esto un encuentro interesante.

Después de reponerse de mis fallos heréticos adivinó que estudiaba Literatura del Siglo de Oro e hizo gala de su famosa buena memoria: recitó pasajes de poemas de Quevedo, Juan Ruiz y del Cid para luego desbordarse y seguir con Vallejo y Neruda. Pronto convertimos esto en un juego en el que él decía el verso y yo debía adivinar de quién era.

Con nosotros desayunaron también los doctores Laura Gutiérrez y Javier Durán, ambos profesores del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Arizona, encargados de recibir y atender a Monsiváis durante su estancia en Tucson, Arizona, Méjico.

Monsiváis me preguntó sobre el gobernador Bours, y le dije que a los sonorenses parecía gustarles mucho. Antes de decir la “o” en “mucho” él agregó “Es un imbécil...” y en los rostros de Gutiérrez y Durán apareció, por primera vez en una serie de muchas más veces, un gesto rostro de compasión hacia mí.

Gutiérrez y Durán veían nerviosamente mi libreta cerrada y mi pluma quieta; habían pasado horas sin una entrevista y se acercaba la hora de una visita infaltable que Monsiváis quería hacer a una librería famosa de Tucson. Cuando se levantó para irse yo ya había armado en mi cabeza la entrevista falsa que le iba a enviar a mi editor.


Pero Monsiváis me invitó con él a la librería. Allí no hablamos. Se nos perdió entre los libros. Cuando salimos de allí era casi hora de empezar su conferencia. “Vamos a la librería de la Universidad” dijo, y confirmé que debía olvidarme de una entrevista real.

También fui con él a la otra librería, donde me dejaron sólo con él. “Le voy a hacer esa entrevista”, le dije y él accedió, no sin dejar de ver y ojear libros. Comencé con su doctorado honoris causa, el primero que se le otorga en Estados Unidos.

Le pregunté si lo veía venir, o qué importancia tenía, por qué nunca antes una Universidad gringa le había dado esa consideración: Me contestó que no pensaba mucho en los honores: “ Si uno se pasa pensando en los honores está perdido.” Se movió durante toda la entrevista (no, durante todo el día) en una órbita definida por los polos de la humildad y la socarronería.

Me aseguró que el mismo trabajo es la recompensa. ¿Cuál es su trabajo? “Mitad periodismo, mitad literatura”. Muy pocas personas pueden vivir de la literatura”. De inmediato, como escritor frustrado y sonorense, le pregunté sobre los escritores de provincia. ¿Tienen esperanza a sus ojos?

Como me lo temí, no. “Provincia seguirá siendo provincia mientas la concentración de oportunidades esté en las capitales”. Agregó que esta situación se parece al caso más amplio de la industria editorial: “Si una obra latinoamericana no pasa por una editorial española, no es global”.

No quería creer que había una mente colectiva malvada tras la marginalización de la cultura en las provincias, pero Monsiváis me dijo con una sonrisa macabra: “Todos los monopolios son conscientes.”

Su diálogo/conferencia en el Departamento de Español y Portugués comenzó minutos después. Allí habló por dos horas sobre la globalización de la cultura, las estrategias de legitimación de unas culturas sobre otras y la relación entre Estado y la cultura.

Los asistentes, alrededor de cuarenta, intervenían en cualquier momento con preguntas tan sobadas como “¿algún día serán sustituidos los libros por robots?” Monsiváis contestó, de buena laya: “Prefiero no pensar en eso” y todos reímos por su tono achabacanado.

Criticó también el estado del periodismo mexicano hoy día. Culpa a la nula experiencia literaria de los periodistas que ha convertido las páginas de los periódicos en “conversaciones rápidas en un pasillo”.

Había pasado todo el día con Monsiváis y estaba cansado. Poco antes de su plática y aceptación del honoris causa nos habíamos sentado en un café él y yo. Hablamos de religión. No podía creer que yo creyera en cosas como la Ascensión, la Asunción y las apariciones sexy de las Vírgenes.

Siguió su entrevista hacia mí. Me preguntó qué tenía yo a mi favor para estar siempre contento. No supe qué contestar. Cuando me preguntó qué tanto de mi vida la dedicaba al sexo llegó el doctor Durán para terminar para siempre nuestras mutuas entrevistas.

Tácitamente, con la mirada, le di a entender que estaría encantado, en alguna otra ocasión, de seguir la entrevista. El mundo se pierde de mucho sobre mí, y creo que Carlos Monsiváis sería la persona indicada para escribir sobre mi subestimada persona. Esperaré para la próxima vez. Aquí está mi tarjeta, llámeme cuando se dé una vuelta por Arizona, maestro.

Carlos Mal Pacheco, jueves 14 de diciembre, 2006.


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10 commentaires:

  1. Pinchi Carlos, tanto que te quejabas de Monsivaís y yo que te decía que era bien curado el viejo, pero bueno, ya ves ahora es tu Maestro! Jeje. Que curada oportunidad tuviste neta!

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  2. oye puto, dile al zoom mamón munguia que me debe las fotos de cuando fui a hermosillo el culero no me contesta el telefono se que le caigo mal pero que sea pendejo el muy puto

    PD: porque lo metieron a un salon mierda?? no hay auditorio??

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  3. A ese escritor de ocurrencias le sigue funcionando la fórmula de "Woody Allen a lo mexicano": mitad izquierdista, mitad mediático y mitad kierkegaardiano. Tres mitades, como los aparatos del Dr. Chunga. Y ya vive de sus propias rentas.

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  4. es el mejor post que has redactado, cabrón!

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  5. No soy gran admirador de monsivais pero me hubiera gustado estar en su conferencia, pero pues, soy nuevo en la ciudad, no me entere.

    Que a toda madre tener un trabajo asi.... mmm que a toda madre tener trabajo.

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  6. Uy, ya veo que sí la subiste. Ya se me hacía extraño. Muy buenas imágenes.

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  7. ¿...gurú de la intelectualidad liberal mejicana? es es el pedo, el "intelectual" solamente se queda ahí... en el mejor de los casos.

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  8. Muy buen post de homenaje. Anécdotas pa simposium de literatos, sin duda. Aunque me habría gustado leer un poco más. Me gusta la idea del Monsiváis invirtiendo los papeles, como si tratara de descifrar algo oculto en ti que llamó su atención; tal vez vio algo de su juventud reflejado (la greña larga, maybe)

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  9. Jajaja, apenas vi la pinche fecha, qué homenaje ni qué la chingada. Bueno, ni modo.

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