EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

PIRA PAGANA - PAZ DEL PORCENTAJE

Mi hermano es una gota de oro en un mar de veneno. Es catorce años menor que yo y es como un clon mío hecho de trigo e hilos de bronce. A su corta edad veo en la inminencia de sus primeras actividades independientes un inmenso peligro de muerte, para, al parecer, continuar el eterno ciclo de paranoias que conecta a los hijos con los padres que seremos en el futuro.

Cuando mi hermano era un bebé adorable que me recordaba a Johan Sebastian Bach, yo temía que se me muriera mientras dormía o que enchufara un tenedor en las conexiones eléctricas de la casa. Cuando iba al jardín de niños temía que me lo atropellara un camión o que lo secuestrara un caníbal demente.

Pero hay un sedante increíble, una especie de religión de la racionalidad que no es la de Auguste Comte, pero que funciona como el himno a Krishna: las estadísticas. Éstas son parciales muestras de la repetición de un esquema de sucesos y su relación con número poblacional: son cifras que nos pueden alarmar o aliviar. Todo depende de sutiles diferencias de magnitud y del grado de corrupción del alma de quien las dice.

Por ejemplo, podemos escandalizarnos al reconocer que el día que Caín asesinó a Abel murió un tercio de la humanidad. O podemos sentirnos tranquilos en la playa al saber que, por razones estadísticas, es muchísimo más probable que nos caiga un rayo a que nos coma un tiburón.

Hay un 80% de probabilidad de que nuestros suicidios fallen. Hay un 0.1% de probabilidad de morir asesinado, y una de cada 10’000 personas morirá en un accidente automovilístico.

Joe Stalin dijo alguna vez “La muerte de una persona es tragedia. La muerte de millones es estadística”. Cada hora muere un promedio de 6000 personas en la Tierra. Ahora quiero que te imagines esto junto conmigo, lector. Imagínate a Stalin y a Hitler sentados en una plaza enorme. Cada día entran 6’000 personas a esa plaza. Stalin y Hitler aplastan un botón que los mata a todos como cucarachas. Alguien entra y limpia el lugar para otros seis mil entren y mueran al día siguiente. Imagínense que esto continúa todos los días, sin interrupción, por diez años.

La cifra de muertos por los regímenes de Hitler y Stalin cabe en esta fabulita que conté: Si la muerte hubiera sido abolida durante las dictaduras de estos sujetos, ambos habrían podido relevar a La Muerte en su cargo por diez años completos.

Pero sonrían: aunque la muerte es tan o más eficiente que Hitler, Stalin y George W. Bush juntos, los nacimientos están increíblemente balanceados con los decesos, e incluso desde inicios del siglo XX la gente ya no se muere tanto y nos estamos inundando de viejitos.

Cada cinco segundos muere un niño por hambre y cada dos horas un joven se suicida en Estados Unidos. El 33% de las personas que fuman morirá sin remedio, pero basta saber que el resto, por más que fume, no morirá por ello. Y esta mayoría de salvos basta para sentir una tranquilidad, una especie de oasis estadístico.

Diez mil zurdos mueren cada año por utilizar artículos diseñados para diestros; pero en el lado amable, sólo 2 personas o menos son canibalizadas cada año. Desafortunadamente el 0.00000002% de nosotros irá a prisión y el 15% será violado por negros enormes en las prisiones de Estados Unidos.

Todos estos números, por supuesto, obvian, hacen desaparecer la tragedia personal y la unicidad de los individuos implicados. Al final, la probabilidad de morirnos es, sin duda, de un 100%. Pero esa es la paz, la tranquilidad de los números. Son atemporales y no sangran, no lloran ni se van a ir al cielo o al infierno como yo y como todos ustedes.





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2 commentaires:

  1. Siempre es agradable toparse con palabras enérgicas, tu blog parece ser fuente de ellas.

    volveré pronto

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  2. Cuando yo me quiera morir me voy a dar un balazo en la cabeza con un arma bien potente que me haga explotar inevitablemente la cabeza, algo exclusivo del ejercito (esa descripción suena emocionante cuando uno no sabe de pistolas) o me voy a tirar de un rascacielos para cumplir el sueño de mi vida antes de irme para siempre a la meme: volar.

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