EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

Una misa surreal en el desierto

Mi primera casa en Tucson.
Una de las etapas más peculiares de mi historia reciente fue cuando intenté volver al catolicismo. No tiene nada de malo ser católico, y ciertamente es una religión que no solo me es familiar, sino que también ha modelado gran parte de mi personalidad, aunque me pese admitirlo.

Fue cerca de 2003 cuando intenté llenar el hueco espiritual que sentía como un recién inmigrado solitario en los Estados Unidos; la misa católica en español, pensé, podría ser un lazo con mi tierra y con mi gente ahora que vivo en esta tierra baldía donde lo verdaderamente barroco y pintoresco solo está en los márgenes del suburbio étnico.
La única iglesia católica que pude encontrar cerca de mi apartamento provisional en el sur de Tucson estaba a unos cuatro o cinco kilómetros solo accesibles en auto o a pie. Mientras caminaba bajo el sol del desierto de Arizona me decía a mí mismo "puedo ver cómo esto va a afectar mis ganas de volver cada domingo".

Había una vía ferroviaria que cruzaba la mitad del trayecto. "Simbólico" pensé estúpidamente, en el mismo tono en el que uno piensa o dice "chingón".

Cuando por fin llegué al templo, era casi hora de comenzar. Recordé mi pasado de católico involuntario (i.e. mi infancia) y todos los gestos y trucos del repertorio del católico practicante: la señal de la cruz con los dedos, la reverencia al cruzar la puerta de templo, todas las oraciones memorizadas sin fervor, que seguramente compartían un rincón en mi cerebro enseguida del código Konami. Arriba, arriba, abajo, abajo, izquierda, derecha, izquierda, derecha, B, A, B, A, y del Espíritu Santo, amén). ¡Pum! 30 vidas en Contra.

La congregación estaba formada por mexicanos, chicanos, hispanos, y ancianos de toda laya y de todos colores. Las conversaciones que se escuchaban antes del vestíbulo eran en español; había entrado a un microcosmos lingüístico que los mismos fieles, estoy seguro, veían como un refugio, como una vuelta al vientre de México.

En la parte trasera de las bancas cerca del reclinatorio replegable había un misal y un himnario, uno para cada feligrés; este tipo de cosas son inéditas en mi experiencia ritual católica: "estas son mierdas de primer mundo", pensé. Abrí el himnario y ahí estaban, en español y con instrucciones musicales, las canciones que entonaríamos durante la misa. Sentí poco a poco un aire cada vez más y más protestante, y mi sentido arácnido de la Contrarreforma comenzó a vibrar con desconfianza.

Después entró el mariachi.

What the fuck.

Después entró el sacerdote. Dio unos muchos pasos cortos y tambaleantes hacia el atrio, subió con empeño los altísimos escalones, y no solo se sentó, sino que escaló la silla antes de sentarse en ella. Sí; el sacerdote era enano. Tenía un micrófono atado al cuello como el albatros de Coleridge o como un rosario de la era techno.

Fue entonces que comenzó la misa más extraña en la que he estado. El mariachi comenzó a interpretar "Santo, santo, santo es el Señor" a todo metal y yo pensé estar en una broma de cámara oculta producida por Jodorowsky.

La misa fue excelente, pronto olvidé que el padre tenía una condición física especial, pero no pude sacar el mariachi de la ecuación. El mariachi, sumado con el padre diminuto era demasiado. Si la misa hubiera sido solo con el padre enano, no estaría escribiendo esto. Mariachi + padre enano + chicanos en el desierto de Arizona + un imbécil que quiere ser católico de nuevo solo porque sí = ???

Salí de misa descombabulado y caminé poco más de una hora bajo el sol ridículamente intenso. Solo volvería dos veces más a misa en ese templo. La última vez me tocó que fuera a cargo de un sacerdote de estatura regular y sin mariachi.

Cuando me mudé a un apartamento más cerca de la universidad busqué sin muchas ganas otro templo católico cercano, No lo encontré. Estoy seguro de que habría encontrado uno, pero desistí rápidamente y comencé a buscar pretextos intelectualizados (bullshit) para no volver a misa. "El verdadero templo está en mí"; "busca a Cristo debajo de las piedras y lo hallarás"; "la misa es una cena organizada por Cristo, uno no va a cenar a casa de su amigo todas las semanas"... etcétera.

Hoy, muchos años después, no me explico muy bien cuál era mi motivación para haber querido ser católico. Vivía solo por primera vez en mi vida y estaba en otro país, sin amigos, sin familia, sin mucho qué hacer. Mi paralizante ansiedad de aquellas fechas me obligó a hacer cosas insólitas: regresar al catolicismo, leer Les Misérables en dos días y comenzar a fumar.

Y de los ritos centrados en la muerte, el tabaco es el único que he conservado hasta hoy. Qué injusto es Dios.

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5 commentaires:

  1. Creo que ni Jodorowsky habría planeado algo tan surreal como enanos con mariachi.

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  2. "Mi sentido arácnido de la Contrarreforma". Jajajajajaja.

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  3. Tucson es de los sitios mâs bizarros en los que he estado. La Misa-marichaera encaja perfecto en el contexto.

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  4. Jajajajajaja excelente. Muy interesante vivencia, cura enano con mariachi, nomas faltó que junto al misal e himnario viniera una mascara de lucha libre para cada feligres jajajaja. Saludos.

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  5. Saludos Carlos Mal, hasta donde te encuentres!...

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