EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

PIRA PAGANA - EL AUTODAÑO

Originalmente publicado en El Imparcial el 15 de agosto de 2004

Amo este mundo porque aunque cada ocho segundos un fumador muere, cada dos segundos alguien muere sin razón ni causa. Amo este mundo porque en Texas el robo de ganado es aún meritorio de la pena de muerte; porque hay televisores con 500 canales y gente que aún así no encuentra en ellos ningún programa qué ver; porque el tapir es un animal hermoso y extraño, porque el latín no ha muerto del todo y el idiota esperanto nunca funcionó.

Me encanta un mundo donde nadie sabe nada sobre África, donde ningún mexicano recuerda los nombres de los seis niños héroes (¿o eran siete?).

Y no lo amo porque sea un satánico adorador del caos. Lo amo porque el espíritu humano sigue lleno de optimismo ante el titánico despliegue de desorden y arbitrariedad que es la realidad y el mundo. Ese optimismo me separa de los apáticos misántropos: aunque a veces la tendencia pesimista quiere llenarse de una gloria especial.

Sé que la mayoría de mis lectores son mis familiares, mis ex alumnos o mi futuro asesino, un gordito obsesionado y lleno de barros que un día me pondrá un tiro en la panza. A ellos les aclaro el propósito de esta columna: Hacer que se sepa que el hecho de que rechazo un mundo de cristal, lleno de flores y nubes color de rosa no me hace a mí ni a los que piensan como yo, en desadaptados, psicóticos y pesimistas.

Ya lo dije: Amo este mundo. Y quiero compartir con estos lectores, estas personas felices, algo que tal vez no conozcan: La fiebre de los adolescentes depresivos y el autodaño. El autodaño no es realmente algo nuevo: Sus raíces son prehistóricas y no tengo ni tiempo ni ganas de rastrear sus raíces, pero consiste en esto: Recientemente, una avalancha de adolescentes estúpidos (¡tautología!) decidió cortarse con navajas en antebrazos, piernas, los costados; pincharse con jeringas, rasguñarse, quemarse con cigarrillos, ¿el motivo? La vida no tiene sentido. El mundo es un lugar feo e inhóspito. Son personas ultrasensitivas, “termómetros sociales”, víctimas del monstruo social.

Estoy en desacuerdo. Son niños llorones que no soportan la sacudida, la violencia de un par de años en nuestro mundo. El autodaño es un suicidio light. En Internet se pueden encontrar páginas de personas que confiesan su adicción al autodaño y colocan en línea varias fotos de sus miembros rasguñados o perforados.

Sus actitudes de románticos trasnochados, de ombligos atormentados del universo, me hacen pensar en la horrenda superficialidad de sus lloriqueos y de sus heridas: En el mismo segundo que usted pasa sus ojos por esta línea, un niño en la India está criando bacterias que lo matarán en unos cuantos días.

Y estos idiotas se hacen cortadas en los brazos, se quejan porque sus padres se divorciaron, toman fotos de sus heridas y las ponen en la red. ¡Que me pongan a uno enfrente!

Si vamos a vivir en esta época fea y en este planeta más feo, hay que agarrarnos bien y disfrutar el recorrido. Al que no le guste el mundo que se baje. Si vamos a estar vivos vamos a aprender a disfrutar el caos, la muerte, la injusticia. Si las cosas están mal hay que enojarnos, no ponernos tristes.

No estoy en contra de arreglar los problemas con la violencia. Ni en contra del suicidio. Pero las medias tintas y los discursos plañideros no nos van a llevar a nada. Si pudiera poner un texto enorme en el cielo para que el mundo lo leyera, sin duda escribiría: “Mundo: Déjense de lloriquear y pónganse a hacer algo”.

Debemos amar al mundo y ver en el autodaño un síntoma de una sociedad muy compleja que ha perdido la capacidad de comunicarse, en la que las palabras han perdido el sentido y en la cual la realidad no se puede describir de ninguna manera. Nosotros, como personas, estamos a kilómetros de lo que creamos y llamamos cultura o sociedad. No sabemos qué hacer y estamos desamparados en nuestra búsqueda.

Pero nadie sabe realmente esto. Ni nadie quiere saber sobre esto. Sólo los perdedores que tenemos mucho tiempo para leer entre líneas. Creo que mejor me voy a apagarme un cigarrillo en el brazo. Que tenga usted un adorable domingo.



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