EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

PIRA PAGANA - VISLUMBRES DE LA INDIA

El asesino de Virginia, encabronadoIba a escribir una Pira Pagana sobre mi viaje a La India, pero también estuve hace unos días en Richmond Virginia y me tocó estar cerca de la terrible masacre de la Universidad Tecnológica de Virginia, así que dejaré mi relato oriental para después. Los hechos en Virginia nos han tomado por sorpresa. Algo parecido sentí en 1999 en la India: estaba allá cuando me enteré que dos estudiantes de la secundaria Columbine habían cosechado las vidas de 13 personas en su escuela. 8 años después, frente al pelotón de fusilamiento de mi conciencia no puedo evitar pensar en La India.

Fui allá porque quería ganar el Nobel. ¿Les parece absurda esta noción? No lo es: en esos años el maestro Leonel Perú me hizo notar que todos los ganadores latinoamericanos del Premio Nóbel de Literatura pasaron, invariablemente, algún tiempo en la India, la vieja Bharat, la cuna de todo lo que hoy es cool.

Gabriela Mistral conoció allí a Tagore en 1916, Neruda visitó la India tres veces desde 1927, Miguel Ángel Asturias en 1957, Octavio Paz fue embajador desde 1962 hasta 1968 en este país y Gabriel García Márquez fue por primera vez en 1983.

Los relatos de viaje suelen ser descripciones achabacanadas de la gran experiencia de ver algo nuevo. Yo me sentí en un pueblito empobrecido de Sinaloa la mitad del tiempo. Olía igual, había los mismos mosquitos y la misma comida. Siempre me ha llamado la atención que los perros de India son iguales a los perros de México.

La otra mitad de mi viaje estuve en la ciudad, en mi hotel y sus alrededores, cerca del aeropuerto. Nunca he visto una ciudad tan viva y terrorífica. Mi presupuesto me permitía un par de días y mi apariencia me hizo pasar por uno de ellos a veces, pero no era tan bueno como suena.

La mayoría se sorprendía de que les hablara en inglés y no pocos hicieron mala cara. Tardé la mitad de un día en cambiar mi dinero por rupias, de esas que colecta Link en los juegos de Zelda.

Comí la comida de los que compran la ídem, no la de los que la comen en casa, hablé sólo con una chica muy occidentalizada que no me hizo sentir que había experienciado conversar con un indio de Nueva Delhi.

Al día siguiente me obstiné como todos los turistas (idiotas) a "conocer la verdadera India" y, como pude, visité la zona rural más cercana, a 10 kilómetros al oeste del aeropuerto a una población cerca de Rohtak. Decidí caminar. Ya en Los Ángeles había caminado más de 20 kilómetros por el boulevard Sunset sólo por caminar.

Antes de entrar al pueblo me detuve bajo un árbol a beber agua y fumar un cigarrillo. Vi a mi lado un triste y abandonado pedazo humano. Recuperado del susto del principio volví a verlo, ahora con más compasión que asco.

Los hajri son considerados en La India un "tercer" sexo. No existe en todo occidente algo similar al rol social que estas personas tienen. No son homosexuales ni transexuales ni travestidos. No son hombres ni mujeres. Todos los años se reúnen en el extremo sur de la India para un festival que reúne a miles de ellos. Es posible que haya cerca de cinco millones de hajri en la India: a veces, en un rito religioso antiquísimo se castran o se cortan el pene. O ambas cosas.

Yo quería ir a la India a ver la comunión del religioso con la naturaleza, los haces de luz cristalina que purifican la miseria; quería ver el fuego místico en los ojos de los jainitas y quería ver al pueblo de Buda en un esplendor melodramático y artificial que sólo existía en mi cabeza. Pero lo que me pasó fue para bien: el dharma indio nos favorece a los escritores latinos.

Se me presentó la magia de lo convencional y de lo completamente absurdo y macabro. Las moscas y los crepúsculos son iguales en todas partes. Pero, pensé, después escribiré sobre esto, y con las palabras adecuadas lograré un efecto especial y epifánico en mis lectoras. Soltarán el libro (no sabía que sería un periódico) y dirán: "Carlos Mal tiene razón. Lo que pensaba sobre la India es un engaño para señoras ingenuas, para turistas, para exotistas sin autoestima".

Con mis palabras cínicas y descabezadas ejerceré la magia de la literatura, pensé. La economía inversa de las letras es así y es esta: parecería que esta es una diatriba contra las ilusiones del mundo, cuando en verdad escribí todo esto sólo para decir que encontré un pene tirado en un camino de La India.


Vea, si quiere, un vídeo de dos minutos en el que aparece Octavio Paz en la India. Filmado por Julio Cortázar.


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