EL BLOG DE

CARLOS MAL

(Qué injusto es Dios)

PIRA PAGANA - MEMORIAS DE LA MUERTE

Durante mucho tiempo el oficio de verdugo fue uno de los más ominosos y repudiados por la opinión pública. La palabra francesa “bourreau” significaba ‘verdugo’, pero también ‘burro de carga’, lo que pone en evidencia la poca estima en la que se tenía a los verdugos y a los burros.

El verdugo, a pesar de ejercer una labor necesaria, era estigmatizado y rechazado como si anduviera arrastrando los miembros por la lepra. Era condenado a vivir aislado, a usar llamativas y ridículas vestimentas en la calle, a tener un lugar reservado en la iglesia, y en las posadas, a sentarse aparte y beber de una jarra exclusiva para él.

Más que la responsabilidad que recaía en manos de un verdugo, el rechazo social del que era objeto hacía de éste un oficio en el que casi nadie quería desempeñarse, a pesar de que no resultaba del todo mal remunerado. Esto solía dar a la “verduguería” un carácter poco profesional ya que, cuando escaseaban voluntarios, las autoridades recurrían a presidiarios, esclavos o conversos.

Esta falta de permanencia traía consigo grandes problemas, como la poca o nula pericia por parte del ejecutor. Famoso es el caso de Joseph Chalier, en 1793, a quien el verdugo tuvo que terminar decapitando con un cuchillo, a mano limpia, pues ninguna de las tres veces que dejó caerle la guillotina logró arrancarle la cabeza; todo ante el silencio sepulcral de un pueblo generalmente acostumbrado a ver la sangre con no poco desagrado.

Es precisamente al personaje tan ambivalente del verdugo que se dedica una de las exposiciones más valiosas que han dado la vuelta al mundo, sólo equiparable a la de los humanos disecados de Von Hagens, o a la de Banana Joe en Amsterdam.

“Memorias de la Muerte” (traducción del magyar hecha por mí), nombre que lleva esta interesantísima exposición actualmente exhibida en el Museo Nacional de Budapest, pone a la vista del público un conjunto de cartas escritas por diferentes verdugos a través de la historia.

Entre las epístolas más valoradas de la exposición itinerante está la de Jorge Martines, esclavo negro comprado por las Juntas de Gipuzkoa en 1564 para fungir como verdugo. La carta, escrita por Martines a sus familiares, en uno de sus fragmentos más dignos de reproducción, dice así:

“Encontrábame yo en mi celda soñando que me llevaba a la boca unas vituallas cuando el Corregidor en su ilustrísima persona me mandó dezir, por boca del Oficial Mayor, que se me concedería la libertad si aceptaba ejercer el oficio de verdugo.

“Sabiendo yo que no era gran cosa estar libre y ser pastelero, me resistí dixiendo que prefería estar preso por ladrón y afeminado que ser repudiado en la calle por matarife. Con un puntapié en sendas sean las partes, el prencipal me sacó de la celda dixiendo que se le daba un ardite mi opinión, que para eso era esclavo, negro y sin alma.

“[…]A las primeras erré tanto en el manejo de la cuchilla que tenía que ayudarme con un garrote, y como uno de los condenados era calvo y yo no sabía las premáticas, en vez de levantar la cabeza por las orejas, como después me dixeron que se hacía cuando el pelo estaba ausente, la levanté de las narices, lo que me ganó que la chusma casi me muele a cebollazos.

“Como eso podía pasarle a cualquiera sin esperiencia, me dejaron continuar, pero cuando vieron que mis únicas mejoras parecían ser en el oficio de jifero, me dijeron que abandonara la provincia son pena de darme dos mil azotes en los lomos.”

Pero la más famosa de las cartas es sin duda la de Charles Henri Sanson, descendiente de una ilustre familia de verdugos que dio a Francia 19 de ellos por más de medio siglo. Sanson, quien contó entre su historial 2’918 muertes, entre las que destacan las de Danton, Robespierre, María Antonieta y Luis XVI, protagoniza con mucho las “Memorias de la Muerte” gracias a la luz que su carta aportó a la historia de Francia.

Después de la ejecución de Luis XVI, Charles Henri Sanson escribió una carta que pensaba dirigir al periódico francés “Thermométre du jour” para desmentir la campaña de difamación que se había hecho sobre la actitud del monarca al momento de morir.

Sanson, profundamente ofendido por la mala fe de los jacobinos, escribió en varios legajos que el rey subió al patíbulo con sin igual compostura, y no lloriqueando como quisieron hacer creer al pueblo:

“El rey afrontó toda aquella situación con un decoro y un temple que nos dejó atónitos a cuantos allí nos encontrábamos[…] Su majestad subió al patíbulo y quiso abalanzarse sobre la parte frontal como si pretendiera pronunciar un discurso. Se le dijo que aquello no era posible porque iba a ser decapitado.

"Entonces se dejó conducir con donaire hasta el lugar donde fue atado, desde donde exclamó con voz muy alta: ‘¡Pueblo de Francia, muero inocente!’, y luego pasamos a separarle del cuerpo su real testa.”

A tres siglos de distancia, este testimonio desmiente totalmente la idea de que el Borbón, al subir casi a rastras al patíbulo, había gritado manoteando al aire: “¡Estoy bien perdido!”, tal como aparece en los libros de historia.

Para concluir, gente que me lee, reproduzco las palabras de Oliver Egy, director del museo de Budapest, nomás porque no sé cómo terminar esta Pira:

“En esta exposición se intenta hacer conciencia de que la epístola no sólo sirve para acercarnos a las obras de Bram Stoker o ese alemán... ¡Goethe! (fue bien difícil traducir esta exclamación), sino también al sentimiento genuino del personaje por tanto tiempo agraviado del verdugo, quien lejos de querer pasar a la historia, como los anteriores, buscaba más bien esconderse de ella y sacudirse de los hombros el polvo de la muerte y el vilipendio. Y es bueno”.
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5 commentaires:

  1. Claro, el verdugo les recordaba el gusto de ver rodar cabezas y demás, pero fuera del "sano" contexto de la ejecución.

    Gente hipócrita :)

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  2. Que buen post!!! La historia de los sin historia, que si tienen historia, como todos nosotros simples mortales!!me gusto mucho!!! donde se puede conseguir ese libro monsieur??

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  3. A la madre. Me encantó... Yo quiero ser verdugo, deberías de prestarme libros de verdugos y de piratas, también de Gays. Soy gay.

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  4. Lolita.... :/ que desperdicio (te vi de enfermera).

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